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De Quimeras y Ensoñaciones

Abrazo de oso

Abrazo de oso Silencio, es de noche, acaba de pasar el recolector de piñones y con una linterna de luna busca agachadito entre las briznas de hierba, se llena las manos de un polvo más feo que mi fría nariz. Está soñando.
No le perdono que indistintamente cada noche, cuando va a acostarse, me agarre de una oreja para desalojarme de MI cama, que él impúdicamente llama suya, y repudiarme al exilio de MI butaca de madera y mimbre, que él llama con tal descaro, al llegar el día, suya también, que no se cómo puedo soportarlo, no le perdono que me agarre de la oreja, vaya una desvergüenza y unos modales, pues aunque nunca me quejo, y no me duele, ya que los osos somos pendencieros y machotes, no duele, bueno … un poco si, pero lo peor es que se me deshilacha y elonga y un día hasta sangré cachitos de esponja por la comisura de mi oreja y la doctora cirujano tuvo que operar y coser la herida con varios puntos, no le perdono que me destierre de encima de mi reino de edredón nórdico tan mullido, por un asiento blanco, duro, y frío, más lo que es de juzgado de guardia son las clases de karate, me da de patadas en la nariz, ¡ Mi pobre nariz ¡ , en los ojos y para mas Inri en las orejas, le voy a meter una denuncia por malos tratos que se va a arrepentir de hacerlo, me ha tomado por su sparring y el muy jodío juega a ponérmelas tiesas, a voltearlas, y se jacta con risas cuando no me tumba y sólo es la oreja la que se levanta, tildándose de campeón por haber acertado con su indolente patada en el punto deseado, pero joder, que son las menos de las veces las que únicamente roza mi oreja y cuando no es en el ojo, el cual es de cristal, pues el verdadero acabó en la morgue sin solución de continuidad un aciago día que erró su puntapié, es en el hocico ó en un brazo y yo siempre finalizo tumbado de nuca sobre la almohada , ó el cojín de atrás acabado en ganchillo con hilo perlé, y luego, con total cinismo, va y me mima, cuasi tal cual me estuviese pidiendo disculpas, me levanta, me atusa, me acaricia, me aprieta, me abraza, me da palmadas en las espaldas, me agarra de la cintura y me da volteretas en el aire, me peina con sus dedos mi hocico de lana, me hace cosquillas, me da besos en las orejas después de limpiarlas, y cuando está cansado de tanto esfuerzo, de tanta farsa, pues esos cariñitos se me antojan reproches de conciencia por su bravuconería y violencia, se tumba a mi lado, me empuja insolentemente de mi sitio en el centro del edredón, me aprisiona por la cintura y me sostiene en lo alto sin reparar en mi vértigo a las alturas ni en mi mareo, mirando mis ojazos, y se me emociona y todo, de forma hipócrita a mi buen gusto y parecer, luego me coloca sobre su pecho apretándome, dándome achuchones que no me dejan respirar, me estruja con tal vehemencia que si fuese de chocolate me fundiría con su torso, y no es justo que siendo yo un plantígrado azul, sea él el que me de un abrazo de oso, me despachurre como una pitón a su presa, jobar, ¿para que me harían tan blando? , ¡ Qué soy un oso ¡ . Un descuidado, eso también, me deja siglos sin lavar ni perfumar y mi piel se está apelotillando, llenándose de bolas azules, como un jersey viejo y yo soy muy joven todavía, no más de veinte años, cuando llegué a cambio de una colección de papelitos era tan nuevo, tan elegante con mi lazo azul, tan respetado, tan altivo, tan jovial y señorito que me tenían prohibido jugar conmigo, aquello era otra vida, encima de la cama todo el día, sin servir de sparring, sin tirones de orejas, sin achuchones, sin volteretas mareantes en el aire, como un rey era tratado, el rey de la cama … ay, pero …Qué iluso … Os juro que no cambiaría por nada, por nada nada, por nada de nada aquellos tiempos pasados por el presente, y a pesar de no perdonarle tanta putada y patada, que cojones, soy un oso de trapo y le tengo a mi lado, le adoro por sus, a veces malos modos, sus juegos bruscos, sus acciones injustas contra mi, ya que él no sabe que yo soy algo más que un oso de peluche, no cambiaría nunca aquellas soledades por estos abrazos, ni mi butaca donde paso las noches por aquellos cojines aterciopelados, butaca desde donde contemplo los sueños de un agachadito que recoge piñones en sus sueños en las noches en que despacito me bajo de mi asiento, trepo a su cama, mi cama de día, y me meto en sus sueños, para hacer realidad los míos, ser yo el que le de, como Dios manda, un abrazo de oso, de oso azul de peluche.

2 comentarios

Pablo A. -

Me encanta :-)

Este debe conocer a mi Bonifacio, fijo.

Saludos.

maria -

Un beso del teddy a tu oso.